El colegio o instituto debería ser un espacio en el que sentirse seguro…, sin embargo, para muchos niños y adolescentes, la escuela se ha convertido en un lugar donde la violencia es cada vez más frecuente, donde se respira miedo. Muchos niños y niñas se convierten en víctimas del cada vez más tristemente conocido como acoso escolar o bullying. Un empujón que se repite, apodos humillantes, insultos continuos…son algunas de las manifestaciones de esta violencia que deriva en maltrato físico o psicológico y que conlleva efectos negativos en la salud física, el bienestar emocional y el rendimiento académico de los menores que lo sufren.

Así mismo, es necesario destacar como el acoso escolar se ha agravado debido al mayor acceso a la tecnología por parte de los menores, ya que con el uso de internet o de teléfonos móviles el bullying se extiende fuera del ámbito escolar. Educar para el buen uso de las nuevas tecnologías es fundamental, permitiendo el acceso a los medios de forma controlada y valorando en todo momento el contenido al que los menores acceden y/o comparten.

Papel importante juegan en los casos de violencia el silencio y la ceguera. El silencio de quien sufre el maltrato y no lo expresa a sus amigos, familiares o profesores, y la ceguera de aquellos que viendo situaciones de violencia cierran los ojos y simulan no haber visto nada. Y es aquí donde está la clave para acabar y luchar contra el bullying.

Desde casa debemos ayudar a nuestros hijos e hijas a detectar si están siendo víctimas o testigos de situaciones de acoso, siendo fundamental en estos casos el diálogo ya que “de lo que no se habla, parece que no existe”. Hablar con nuestros hijos e hijas sobre su grupo de amigos, tipos de juegos que realizan, modo de pasar los tiempos de recreo…puede acercarnos a su realidad y entender qué puede estar sucediendo. No obstante, no es recomendable preguntar de manera directa sobre si padecen o no acoso.

De igual forma, debemos estar atentos a las señales de alerta que nos dan ellos mismos, ya que muchas veces los niños y niñas con su actitud o lenguaje (verbal y no verbal) expresan vivencias y emociones. Así, cambios de humor repentinos, rechazo a la escuela, tristeza, o incluso somatizaciones físicas de la angustia mediante mareos o dolores de estómago, pueden indicarnos que algo no va bien.

También hemos de reconducir las conductas agresivas que puedan surgir y aplicarles consecuencias, porque sin duda una de las causas del aumento de los casos de acoso escolar radica en la banalización de la agresividad en nuestros tiempos. Ya hemos comentado en otras ocasiones la necesidad de establecer límites y normas, así como responsabilidades acordes a la edad de nuestros hijos e hijas, teniendo siempre en cuenta que ¡Los actos deben tener consecuencias!

Finalmente, hemos de hacer hincapié en la prevención, siendo cada vez más frecuentes los talleres y cursos que se realizan en las escuelas para dotar a niños y niñas, profesorado y familias de herramientas para abordar situaciones de violencia.

Laura de Francisco Domínguez. Psicopedagoga.

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