Todos en algún momento de nuestras vidas hemos tenido días malos, e incluso y como es normal, los seguimos teniendo. Días en los que no nos apetece salir de la cama, en los que todo nos sale mal, no queremos ni mirarnos al espejo porque nos vemos horribles. Días que no se arreglan ni con una buena taza de café. Obviamente somos conscientes de que solo es eso, un día malo y de que mañana será otro día.

Pero, ahora bien, ¿cómo le explicamos esto a un niño?, ¿qué podemos hacer para que no preste más importancia de la que tiene a estos días? Hoy hablamos de esto, de autoestima ¿Qué es? y ¿Cómo desarrollarla en los niños?

La autoestima responde a cómo nos vemos, la percepción que tenemos de nosotros mismos, tanto de nuestro aspecto físico como nuestra forma de ser.
Una autoestima adecuada implica que esta no sea ni muy alta, ni muy baja. Debe estar en un punto intermedio. De nada vale tener una autoestima excesivamente elevada y nada realista.

El primer paso para desarrollar una buena autoestima en nuestros hijos es favorecer el conocimiento de sí mismos. Debemos ayudarlos a conocerse mejor y que así descubra sus cualidades y habilidades, aquello que se le da mejor y en aquello en lo que quizás debe practicar más. Es importante valorar sus logros y éxitos, así como, apoyarlos cuando algo no sale como esperaban.

Las etiquetas, nunca son una buena opción, etiquetar tanto negativa como positivamente al niño no le beneficia. Debemos evitar frases como “siempre eres el mismo”, “eres un trasto”, “siempre estás molestando”, “miedoso”, “qué tímido eres” … Con las etiquetas lo que provocamos es que el niño actúe como esperamos que lo haga, es decir, si previamente ya le estamos diciendo que es un trasto, seguramente, el niño actuará en base a esa etiqueta.

Darles pequeñas responsabilidades a  nuestros hijos también ayudará al desarrollo de una buena autoestima. El niño irá descubriendo que hay ciertas cosas que es capaz de hacer solo, lo que inmediatamente generará mensajes positivos en su autoestima. Ayudar a colocar la compra, recoger sus juguetes, encargarse de recoger la mesa… Las responsabilidades debemos siempre adaptarlas a la edad y capacidades del niño, no debemos olvidarlo, ya que el no saber realizar una tarea que cataloguemos como “fácil” también le puede generar frustración.

 

Por último, no debemos olvidar que los niños, son niños y por lo tanto en muchas ocasiones se equivocaran, sufrirán y debemos dejar que esto ocurra ya que son ellos quienes tienen que elaborar las estrategias para solucionar los problemas a los que se enfrenten y se enfrentarán en un futuro. Nosotros, como padres estaremos ahí para guiarles o ayudarles siempre que sea posible.

No debemos olvidar, que no hay mejor forma de aprender que con el ejemplo, si nuestro hijo percibe en casa un clima agradable en donde primen el respeto y el amor, le estaremos generando seguridad afectiva y por lo tanto una buena autoestima. Preocupémonos   por lo que hace, por cómo le ha ido en el colegio, llevémoslos al parque, cuidemos esos pequeños detalles y demostremos a nuestros hijos que nos tendrán siempre de manera incondicional. No hay mejor forma que esta de fomentar su autoestima y proporcionarles un clima de tranquilidad y seguridad.

Ana Aguilar García, pedagoga

Leave a Reply