El saber controlarlas, gestionarlas y utilizarlas con la habilidad adecuada, nos permitirá sin duda afrontar nuestro día a día de un modo más eficiente, y por lo tanto, permitirán a nuestros hijos desenvolverse adecuadamente en sociedad, de ahí que te sugiera estos sencillos consejos para que les introduzcas en el interesante y atractivo mundo de las emociones, según sus edades:

Hasta los 18 meses los niños necesitan básicamente el cariño y los mimos de las personas que lo cuidan, porque les aporta la seguridad suficiente para adaptarse a su medio, pero también para explorar y dominar sus miedos. Pero hemos de tener en cuenta que a partir de los seis meses van a empezar a desarrollar la rabia, de ahí la importancia de saber canalizar sus reacciones y corregirles cualquier mala acción. De aquí, mucho cuidado con reírse de cualquier acción que comience a realizar el niño, porque marcará en el futuro los límites que queramos ponerles. Debemos hablarles y explicarles continuamente las situaciones que ocurren, pues ellos entienden más de lo que expresan, por ello, debemos razonarles cada hecho, y controlar las rabietas en su debido momento.

A partir de los 2 años es cuando ellos empiezan a interactuar con los adultos y con sus iguales, por lo que es una edad perfecta para iniciar a los niños en el campo del reconocimiento de emociones así pues, podemos introducirlos en las emociones básicas: alegría, tristeza, miedo y rabia, realizando ejercicios básicos y sencillos para ellos, como por ejemplo, a través de fotos, o dibujos, hacerle preguntas: “¿cómo está este niño?”, “¿por qué crees que está triste?”. Es un modo sencillo para que aprendan a reconocer no sólo sus emociones, sino también las de los demás, y desarrollar así, su empatía:¿cómo crees que se siente abuelo después de lo que le has dicho?”, ¿por qué crees que está llorando tu hermana?”, “¿crees que papi está hoy contento?”…

A partir de los 5 años sería ideal que los niños supieran ya poner nombre a las emociones de manera natural y espontánea (“estoy enfadado porque no me llevaste al parque”, “estoy contento porque mañana vamos de excursión”, “tengo miedo de que cierres la luz porque me dejas solo”), para dar salida al siguiente paso: aprender a gestionar nuestros sentimientos.

Hablar con los niños, hacerles preguntas, razonar, jugar, poner ejemplos… es algo imprescindible en su educación. Debemos favorecer continuamente el que puedan expresarse, poner en voz alta su opinión y sus sentimientos, que aprendan a dialogar, pues a medida que van creciendo, van aumentando sus demandas, de ahí que desde bien pequeños les hayamos enseñado la importancia de pactar y de acordar de modo democrático, y no con violencia. La familia es el mejor campo de aprendizaje, para cuando seamos adultos llegar a un mundo en el que sepamos integrarnos, ser capaces de hacer frente a las adversidades, y sobre todo conseguir nuestra felicidad… La familia podemos darles esa gran oportunidad…

Por: Karen Garcia Salazar

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