Hemos superado el mes de septiembre, este mes en el que para muchos nos resulta el “año nuevo”, este mes en que debemos retomar los hábitos y las rutinas que en la mayoría de los casos en verano se ven alteradas.

Septiembre es el mes de la vuelta al cole para nuestros peques. Comprar libros, nuevo material, uniformes… Un mes de estrés, nervios y muchos gastos…

Pero lo dicho, lo hemos superado… ¿Y ahora?

Ahora, es el momento de asentarnos con las buenas rutinas, establecer pautas horarias, y proponernos nuevos retos para el nuevo curso escolar.

Comencemos con lo principal, la hora de levantarnos, (lo ideal, es que siempre pongamos nuestro despertador media hora antes, para llegar al cole sin colas ni prisas), realizar un desayuno completo y nutritivo, comencemos a incluir hábitos adecuados en la alimentación, evitemos la bollería industrial y tomemos más fruta y menos alimentos procesados.

Dediquemos nuestros trayectos en coche para hablar con nuestros hijos, conversar y compartir con ellos.

En ocasiones, no nos damos cuenta el tiempo que estamos en el coche, compartiendo con ellos, si lo calculamos en horas semanales seguro que suman muchas, por ello, aprovechemos este tiempo en algo productivo.

La mayor parte de las conversaciones están enfocadas a preguntar y preguntar a los peques:

¿Qué comiste en el comedor? ¿Qué hiciste en el cole?

¿Con quién jugaste? ¿Lo pasaste bien en clase?

Pero, en alguna ocasión, nos hemos planteado, cuantas veces nosotros como adultos, les contamos a nuestros niños, en que consiste nuestro trabajo, que hemos hecho a lo largo del día, o bien, con quien hemos pasado la mañana… debemos pensar en ello, y darnos cuenta que es conveniente que nuestros hijos aprendan a empatizar y tengan una comunicación bidireccional, en el sentido que no siempre son ellos los que deben responder a nuestras preguntas.

Somos nosotros como adultos, los que le debemos dar la oportunidad de preguntarnos y contarles nuestras experiencias diarias.

Por ello, comencemos por compartir nosotros en primera persona con ellos. Es un pequeño detalle, que suele pasar desapercibido, pero muy importante a nivel general. Dediquemos tiempo a que sean ellos quienes nos pregunten y tengan la curiosidad de saber más de nuestra vida.

Pasada la jornada escolar, y en casa de nuevo, a media tarde, es conveniente que cada niño, (siempre adaptándonos a su edad) tenga un tiempo para hacer actividades de clase, ya sean tareas escolares, repaso de temario, o simplemente leer un pequeño cuento. Es el momento adecuado, para intentar darle autonomía, y que sea él o ella quien realice su actividades solo. Fomentemos desde pequeños la necesidad de no depender de un adulto para hacer tareas escolares.

Evitemos en la medida de lo posible que se pasen la tarde viendo la tele o jugando con videojuegos… debemos darles alternativas para que ellos puedan entretenerse en otras tareas que favorezcan su desarrollo físico y cognitivo (deporte, lectura…)

Cuando llega la noche, lo ideal es poder cenar juntos, en familia y acostarnos temprano. Es el momento ideal para leer un pequeño cuento, o bien un capítulo de un libro.

Somos los adultos quienes creamos buenos hábitos en nuestros niños, no debemos olvidarlo. Cada noche, esta pequeño rutina, les ayudara a generar interés por el apasionante mundo de la lectura. Finalmente, nos vamos a la cama….un día más, creando pequeños cambios que nos ayudan a mejorar cada día.

Superado el mes de Septiembre, empecemos “el año nuevo” con ilusión, energía, renovando rutinas y haciendo que nuestro pequeños crezcan felices y con buenos hábitos.

Cada día debemos tener pequeñas ilusiones que se convertirán en grandes sueños, aunque los días sean largos y duros, date la oportunidad de soñar.

“Dale a cada día, la oportunidad, de ser el mejor día de tu vida”.

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