Hoy quiero hablarles de un niño de 5 años con Trastorno del Espectro Autista (TEA), es nuestro “duende” y mi pequeño “gran campeón”.  Es un niño totalmente dependiente que carece de contacto ocular, además de no presentar intención comunicativa, ni lenguaje, por lo que el trabajo en el aula con él es y debe ser guiado por un profesional para facilitar y desarrollar su aprendizaje, en este caso soy yo, su auxiliar, quien lo ha acompañado a diario desde el comienzo de la intervención, encantada de participar en el proceso de aprendizaje junto a mi pequeño campeón.

Teniendo en cuenta las necesidades de menor, debía plantearme con qué objetivos debía comenzar la intervención como auxiliar de aula. El objetivo principal y prioritario en ese momento era estimular y desarrollar el contacto ocular como requisito básico para la comunicación y su aprendizaje.

 

¿Cómo trabajar el contacto ocular?

Para estimular el contacto ocular con un/a niño/a debemos, previamente, buscar qué objetos pueden ser de su interés y así fomentar su atención, pues siempre que empleemos objetos o juegos atractivos para los/as niños/as conseguiremos desarrollar la respuesta adecuada ante cualquier tipo de actividad, en este caso respuesta a la mirada.

Comenzamos a estimular el contacto ocular en el aula con la comida, el momento del desayuno resultó ser nuestro gran aliado, pues le encantan las galletas. Este era el mejor recurso que teníamos para favorecer el contacto ocular, por lo que le dedicábamos mucho tiempo al desayuno. Le partía las galletas en pequeños trozos, se la acercaba para captar su atención, mientras buscaba su mirada al tiempo que le decía “mírame”. Esto lo hacíamos con cada trozo de galleta, en ocasiones se frustraba y se enfadaba, pero fue comprendiendo que debía mirarme para obtener su alimento preferido.

Poco a poco fui descubriendo que es un niño que tiene muy desarrollado el sentido del olfato y cuál fue mi sorpresa, cuando me di cuenta de que le gustaba el olor de mi “cacao”. Captaba su atención, lo miraba, olía, manipulaba, fue un descubrimiento para él. Del mismo modo que sucedió con las galletas, entendió que debía mirarme para obtener ese objeto tan preciado. Con el paso de los días comencé a presentarle diferentes estímulos para continuar fomentando el contacto ocular y apareció otro objeto preciado, unos dados con luces, en este caso era el estímulo visual lo que captaba la atención del niño. Ya no necesitaba buscar su mirada o pedir en todo momento que me mirara para obtener su juego, sino que comenzó a mirarme sin necesidad de pedírselo porque quería que le diera sus dados.

Actualmente empleamos otros estímulos atrayentes para el niño y así continuar fomentando y reforzando el contacto ocular del menor.

Por ello, es importante buscar objetos de interés para los/as niños/as cuando queremos estimular y/o desarrollar algún aspecto o área en la que presenten carencias o dificultades. Pues a nuestros pequeños/as les ocurre como a nosotros/as, cuanto mayor interés tengamos en algo, más motivación e iniciativa tendremos a la hora de realizarlo/a.

“Con pequeños pasos conseguiremos grandes avances con nuestros/as campeones/as”

Cristina Mesa Toste-Bello. Logopeda.

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