“Ese niño tan inquieto, nervioso, que desobedece y que molesta a sus compañeros, no sé qué hacer ya con él para lograr que me escuche y se comporte bien…”.

Este artículo he querido dedicarlo a los profesores, profesionales que se sienten muchas veces desbordados, esos profesionales que tienen demasiada carga y estrés, y que sin darnos cuenta, la sociedad, a veces, olvidamos que tienen una media de 25 alumnos/as a los que atender…

Por ello, hoy les dedico este post, para intentar ayudar en su acción en el aula, ya que es fundamental realizar un trabajo cooperativo y coordinado.

Como terapeutas, cuando acudimos a un colegio, no queremos que se sientan “atacados”, ni mucho menos nos queremos inmiscuir en su labor. Nos gusta sentarnos para escuchar sus percepciones, conocimientos sobre el niño y sus anécdotas, pues los conocen en un ámbito diferente al nuestro, y a raíz de ahí, poder aconsejarles en lo que podamos.

Es verdad que no puede haber unas pautas estándar para los casos de niños con TDAH, pues como comentamos siempre en el resto de artículos, el eje principal nuestra filosofía en el gabinete es que “cada niño y cada niña es un mundo”, todos son diferentes y únicos. Y, es aquí, donde resalto la importancia de coordinarnos con los profes.

A pesar de que creemos en que cada niño presenta sus necesidades específicas, y necesitará de unas pautas concretas y personalizadas, voy a destacar algunas pautas que pueden, de forma general, ayudar en el aula. Recuerden que no todas tienen que serles útiles para sus niños/as.

1. La primera es intentar cambiarlo de lugar, ya sea delante para captar su atención, o con un compañero que le sirva de guía para centrarse y atender a las actividades y/o explicaciones, o formar grupos que lo mantengan entusiasmado a las tareas.

2. La metodología también debería cambiar si sentimos que no captamos 100% la atención de todos. Ser algo abiertos y flexibles para poder entusiasmarlos. La metodología que sea siempre “exagerada”, de teatro, me refiero a que intentemos dramatizar algunos gestos, o introducir nuevas tecnologías que llamen mucho su atención.

3. Llevar un pequeño control de su agenda para comprobar que ha apuntado lo que se pide, pero de forma sutil, pidiendo, por ejemplo, al final del día que todos tengan apuntado en la agenda de manera que lo recordamos y cada uno deba comprobarlo, y además escribirlo en la pizarra. A veces lo que decimos queda más en el aire, pero si lo escribimos y les obligamos, en cierta medida, a que lo escriban, es más difícil que no lo recuerden.

4. Realizar una tabla de puntos para TODOS sobre el comportamiento y/o finalización de tareas con alguna recompensa que se pueda hacer en el mismo aula: los viernes, por ejemplo, o al final del horario (dependerá de las edades y el nivel de nerviosismo de nuestro/a alumno/a, pues no podremos poner una recompensa a final de semana, si es muy inquieto/a y nervioso/a). Quien haya conseguido los puntos que se hayan indicado (podemos ser flexibles para no frustrarlos), puede realizar una actividad que le guste, como un dibujo, lectura de libros que les motiven mucho a ellos (buscar sus intereses, para eso deben conocer mucho a su clase), pintar, algún juego de mesa que se pueda hacer incluso en grupo, etc.

5. Ser el/la ayudante del maestro/a. Darle esta responsabilidad lo mantendrá en alerta a lo que digas o hagas. En este sentido, puedes realizar una tabla para que todos sean ayudantes, o bien, explicarle al resto de la clase que un niño/a va a ser tu cooperante para las actividades, debiendo ser responsable, atento…

6. Tener un rincón de relajación en el aula donde puedan acercarse en sus momentos de mucho agobio o estrés (esta medida no tiene por qué convertirse en una distracción si aclaramos desde el principio que sólo se puede acceder a este rincón en instantes donde estén muy apurados). Crea un rincón cómodo y acogedor, ya sea con cojines, algo de oscuridad (pero no mucha, no queremos que se duerman), y material de masajes prácticos para ellos, como una pelota de goma anti-estrés. Así como nos muestra Isabel Sancho en su blog “El Columpio de Claudia”. 

7. En las tutorías es muy importante aprovechar y poder tratar las consecuencias de nuestros comportamientos ya sean de desconcentración, de enfados, de tristeza, etc. Contemplar y conocer las emociones es muy relevante no sólo para el mismo alumno/a, sino para todos los alumnos. Realizarlo de forma general para que el/la alumno/a no se sienta directamente “atacado/a”.

8. Intentar dejar un margen de tiempo en las tareas para su realización, y así ellos no llegan a frustrarse si no lo consiguen. Es importante que no se sientan diferentes o “desplazados/as” por obtener algo más de tiempo, para ello, debes hablarlo muy bien con el grupo.

9. Segmentar las tareas utilizando colores diferentes, resaltando palabras claves, dándoles instrucciones para completar el ejercicio. A veces, se agobian mucho cuando ven un contenido o enunciado extenso, y necesitan que de alguna forma se lo dividamos y ordenemos, que no significa dárselo casi hecho.

10. Por último, y no por ello, menos importante, resalto la relevancia e influencia que tiene en ellos el utilizar el refuerzo positivo, frases de ánimo, resaltando sus potencialidades, para no etiquetarlos como “niños/as desobedientes”, o “niños/as molestos/as”. Al final, ellos/as se creen esa misma etiqueta y acaban comportándose como tal en todo momento.     

Recuerden que ¡TODO DEPENDERÁ DEL NIÑO/A! y de USTEDES. Amen lo que hacen para querer ser mejores cada día.

Karen García Salazar (Psicopedagoga)

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