Cuando hablamos de conducta, debemos tener claro, que hablamos de un tema amplio y con muchos matices. Cada caso es diferente, y por tanto la manera de actuar o intervenir no será la misma. ¿Por qué mi hijo se porta tan mal? ¿Por qué no me hacen caso? Muchas veces estas preguntas derivan en el mismo punto, en casa no hay límites, les damos lo que queremos y no tomamos una postura firme ante los problemas que puedan surgir. En cambio, en otros casos el problema deriva en un trastorno especifico, es ahí cuando hacemos la diferencia y hablamos del TOD, trastorno oposicionista desafiante.

Los niños que padecen este trastorno suelen presentar conductas de los siguientes tipos: no obedece a órdenes, tienen una baja tolerancia a la frustración, existen enfados ante cualquier negativa, no conciben el NO, no respetan órdenes básicas como “vete a ducharte”, “ahora tienes que recoger”, tienen además, tendencia a discutir con adultos, no reconocen sus errores por lo que culpan a los demás de sus malas conductas “le he pegado porque él me ha llamado bobo”, “no he recogido porque tú ayer me dijiste que no hacía falta”, pueden incluso en ocasiones llegar a mentir para justificar sus conductas.

También tienen una actitud susceptible por lo que los problemas pueden surgir en cualquier momento, por ejemplo, al preguntarle qué tal le ha ido en el colegio. Por último, también suelen presentar actitudes vengativas cuando alguien les hace algo.

No debemos alterarnos y pensar que nuestro hijo presenta este trastorno después de haber leído lo anteriormente expuesto, en todo caso siempre podemos acudir a un profesional para que nos oriente y derive a un especialista en el caso de que lo crea conveniente.

 

Es importante saber, que estos niños pueden tener una vida totalmente normal, pero es necesario llevar a cabo diversas pautas que nos ayuden a controlar o prevenir momentos de frustración. Como en cualquier caso de conducta en casa deben existir unas normas claras que el niño debe cumplir, si no las cumple se adoptarán unas consecuencias que previamente hayamos pactado con él, es importante que el niño se sienta parte del problema y por consiguiente de la solución de este.

Las responsabilidades también nos pueden ayudar mucho para que nuestro hijo sea cada vez más autónomo y consciente de las cosas que tiene que hacer, seguramente al principio costará mucho, pero será cuestión de tiempo que el niño generalice estas conductas. Debemos ser firmes tanto en la consecuencia como en las normas, los niños son listos y conocen nuestros puntos débiles por lo que se aprovecharán de ellos con el fin de conseguir algo. ¡De nada vale que les digamos que no les compraremos sus golosinas favoritas hoy, si luego acabamos comprándoselas por evitar un problema!

No debemos olvidar, que la conducta es un camino complicado, en el que probablemente habrá días buenos y días malos, pero con empeño y persistencia podremos prevenir o solucionar los problemas que pueden llegar a darse en casa, con el fin de vivir más felices y disfrutar más con nuestro hijo.

 

Ana Aguilar García, pedagoga

Leave a Reply