Muchas familias acuden a nuestro centro tardíamente al desconocer cuál es el momento adecuado para solicitar la ayuda de un especialista. La intervención temprana es fundamental en la mayor parte de los casos, siendo necesario estar pendientes al desarrollo de los menores y a determinados signos o señales de alerta.

En ocasiones resulta complejo para las familias, saber cuándo y por qué se debe acudir a un especialista, concretamente a un logopeda. Pues a pesar de que cada niño/a tiene un ritmo evolutivo distinto y no se deben alarmar cuando comienza a hablar tres o cuatro meses antes o después que otros niños/as, existen distintas etapas del desarrollo del lenguaje, por lo que deben estar atentos a su evolución, además de estar en contacto directo y continuo con la guardería y el colegio, ya que a menudo son los primeros en observar si existe algún tipo de anomalía en el desarrollo adecuado de los/as niños/as.
Por ello, desde el Gabinete Multidisciplinar Diversitas, me gustaría indicarles los síntomas o señales más frecuentes a los que debemos prestar atención:
       
0 -3 meses: No existe respuesta refleja ante un sonido, no le tranquiliza la voz de la madre o no sonríe ante las caras o voces familiares.
       
3 – 6 meses: Ausencia de sonidos o de respuesta ante cualquier sonido.
       
6 – 9 meses: Apenas balbucea, no vocaliza para llamar la atención, no responde a su nombre, no hay juego por imitación.
       
9 – 12 meses: No señala para pedir o mostrar algo, no dice hola o adiós con la mano, no dice “papá” o “mamá”, no entiende el “no”.
       
12 – 18 meses: No dice “papá” y “mamá”, no emite palabras aisladas, no entiende órdenes sencillas del tipo: “dame”, “mira”, “ven”, o no usa jerga para hablar. No responde de diferente forma a distintos sonidos.
       
18 -24 meses: Ausencia o escaso contacto visual, no juega con otros niños, falta de interacción social, su juego es restringido o repetitivo, no es capaz de realizar órdenes sencillas del tipo: “dame el muñeco”. No realiza frases de dos palabras.
       
3 -4 años: Falta de fluidez verbal, repetición de sonidos o palabras de forma prolongada o simplificándolas en exceso. No utiliza el “yo”, sus frases son muy cortas o simples, cometiendo fallos de concordancia, realizando un discurso poco inteligible para los demás. En cuanto a la articulación todavía habrá sonidos que no pueda decir como la /r/, la /d/ o la /f/, sin embargo, la mayor parte de su discurso debe ser relativamente claro. Además, debemos tener en cuenta si el niño presenta bloqueos excesivos en su habla, o dificultades en la producción de la voz.
       
4 – 5 años: Continúa sin pronunciar adecuadamente la mayor parte de los sonidos, presentando un vocabulario reducido, con dificultad a la hora de explicar sucesos o pequeñas historias, además de tener problemas para comprender, así como no estar interesado en interactuar con otros niños.
       
5 -6 años: Persisten las dificultades en la articulación. Tiene dificultades en la comprensión y expresión del lenguaje. A esta edad, los niños comienzan con el aprendizaje de la lectoescritura y las dificultades en el lenguaje oral pueden derivar en dificultades en el proceso de adquisición y desarrollo de este proceso básico para el resto de aprendizajes posteriores.

Teniendo en cuenta los aspectos descritos, si las personas del entorno o los padres del niño/a sienten algún tipo de preocupación por su evolución les recomiendo acudir a un especialista para realizar una valoración de las posibles dificultades que presente, ya que cuanto antes se acuda a consulta, y se inicie un tratamiento (si es que lo necesita) mejores y más tempranos serán los resultados.

Elaborado por: Cristina Mesa-Toste Bello, logopeda.

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