Hablo de la disfagia orofaríngea y se trata de un trastorno tan importante como desconocido, que provoca a quien lo padece la imposibilidad de preparar el bolo alimenticio en la boca para comenzar el proceso de nutrición, o bien la incapacidad de llevar este bolo de la boca al estómago, es decir, se ve alterada nuestra capacidad para alimentarnos, sustento esencial para la vida.

Este trastorno es muy común en enfermedades neurodegenerativas como las demencias o la esclerosis, también está presente en pacientes que sufren o han sufrido cáncer de cabeza o cuello, así como accidentes cerebrovasculares más comúnmente conocido como ictus. Pero la disfagia no es únicamente un problema presente en población adulta, y es que se da con mucha frecuencia en los más pequeños, vinculado como en los adultos, a casos neurológicos o a la existencia de tumores, pero también en muchos casos de niños prematuros o asociado a alteraciones sensoriales, haciendo que exista un vínculo muy estrecho entre este trastorno y los niños con autismo.

La disfagia orofaríngea tiene consecuencias tan graves como la desnutrición, que en el caso de los más pequeños, puede producir retraso del crecimiento, comprometiendo el desarrollo normal del niño y provocando en ocasiones el rechazo a la comida, siendo necesario en estos casos emplear una vía alternativa (como por ejemplo la sonda nasogástrica) para llevar a cabo la correcta alimentación y nutrición. Por otro lado, en población adulta, la disfagia afecta de forma severa a personas con edad avanzada. Se da en la mayoría de los casos de forma irreversible debido a su tardía detección ya que pasa desapercibida ante cuadros patológicos muy amplios. Por ello es importante nombrar ciertos indicadores que nos pueden alertar de que existe algún tipo de alteración en la deglución, como por ejemplo: la disminución de peso, debido a que la alimentación no está siendo eficaz puesto que no se consigue que los alimentos vayan de la boca al estómago; la tos recurrente durante el proceso de alimentación tanto cuando se ingieren alimentos sólidos como líquidos; o la presencia de un cambio en la voz de la persona, pasando a ser una voz húmeda, que da sensación de que existen restos de alimento en la faringe. Esta alteración en la población adulta puede provocar desnutrición como en el caso de los niños, y en ocasiones neumonías aspiratorias que pueden llegar a ser fatales debido a que los alimentos en lugar de pasar de la boca al esófago para dirigirse al estómago, se cuelan por la vía aérea.
La evaluación de un trastorno como la disfagia debe llevarse a cabo por equipos multidisciplinares compuestos por médicos, otorrinolaringólogos, radiólogos y logopedas, siendo estos últimos los encargados de rehabilitar las habilidades deglutorias perdidas con el fin de que la nutrición e hidratación del paciente sea lo más segura y eficaz posible.

Candelaria Mª Hernández Sosa. Logopeda.

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