¡No hagas eso!, ¡No corras!, ¡Que ruin eres! ¡No te subas ahí!…Probablemente hayas utilizado alguna de estas expresiones con tus hijos/as, sobrinos/as, alumnos, etc… Pero te has parado a pensar que efecto ejerce realmente en el niño  o si existe alguna otra forma  de decirle que ese comportamiento no es el adecuado.

Ser padres no es fácil y en ocasiones  pueden darse situaciones en las que gritemos y digamos cosas sin pensar que pueden herir la autoestima y el desarrollo de los pequeños. Debemos tener claro que los malos modos, los gritos  y una continua negativa a todo, no funciona para mejorar el comportamiento de los niños. Es necesario que en la relación del día a día con nuestros hijos se base en un lenguaje positivo, con ello ayudaremos a mejorar su autoestima, la percepción que tienen de ellos mismos…

¿Qué tal si en vez de centrarnos continuamente en decirle al niño que es lo que NO puede hacer, en su lugar elegimos palabras para decirle que es lo que puede hacer? Tal vez a priori puede parecer algo lioso, pero ya verán que una vez hayan cogido el “truco” será bastante sencillo, además observarán un cambio bastante positivo en sus hijos, habrán menos “berrinches”, menos conductas desafiantes y comenzaremos a notar un clima de paz en casa.

Qué tal si en lugar de decirle lo que no quieres que haga, ¿por qué no le dices lo que sí te gustaría que hiciera? Por ejemplo, en lugar de “no cruces”, “espérame para cruzar”.  “S i lo hemos visto pintando  con las ceras de colores en la pared, en vez de decirle ¡No pintes ahí! Podemos sustituirlo por:” Las ceras son para pintar en un cuaderno o en un folio”, ¿Qué prefieres? Si se ha enfado con su amigo y le ha pegado, la respuesta inmediata por parte de los adultos suele ser un fuerte: “¡No se pega”!, ¿qué tal?  “los amigos se tratan bien” o “entiendo que estás enfadado. Cuando te pase eso, antes de pegar a otro niño cuenta hasta diez”? Cuando somos específicos con nuestras instrucciones mencionándole al niño exactamente lo que puede hacer y cuándo hacerlo, le es más fácil para él entenderlo y es más probable que coopere con ello.

Por ello les propongo que comiencen desde hoy con éstos ejercicios: Reemplacen el “No” por el “Si”. ¡Díganle al niño que es lo que puede hacer! Y omitan lo que no puede hacer, por ejemplo. Así estamos evitamos de antemano una reacción desafiante,  además de ayudarle a comprender que esa no es la elección adecuada y que tiene otras disponibles.

Si tenemos constancia y entrenamos el habla positiva, se convertirá en un hábito muy beneficioso tanto para nuestros hijos como para nosotros.

¡A por ello!

Silvia Álvarez Ramos

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