Muchas familias acuden preocupadas a nuestro centro debido al tiempo excesivo que dedican sus hijos a los videojuegos, y es que entre los mayores problemas que pueden atravesar los adolescentes hoy en día está la adicción a los videojuegos. Así, un uso excesivo de estos está demostrado que entraña riesgos importantes para la salud física y mental. En este punto ¿Qué podemos hacer como padres?

Lo primero que tenemos que hacer es ser capaces de detectar los síntomas de adicción a los videojuegos, ya que lo que inicialmente empieza como un juego o entretenimiento puede convertirse en un serio problema. Así, es de vital importancia identificar cuando la afición pasa a ser una adicción, y para ello analizaremos a continuación los síntomas principales a tener en cuenta:  

• El tiempo es el factor principal indicativo de que algo no va bien, y es que normalmente este se va incrementando poco a poco hasta ocupar una gran parte en la vida de nuestros hijos, que mostrarán la necesidad de dedicar cada vez más horas a los videojuegos.

• Los chicos entre 12 y 20 años se posicionan como los más vulnerables a generar adicción al juego, si bien la edad no es determinante ya que puede producirse en cualquier momento una vez se comienza a jugar.

• Los adolescentes comienzan a reducir su socialización, siendo evidentes conductas de aislamiento (ej. prefieren quedarse en casa que participar de planes familiares; no muestran interés por acudir a eventos o actividades con sus iguales; cuando están en casa se aíslan en su habitación o zona de juego…).

• El dedicar tantas horas al juego y, en muchas ocasiones trasnochar, pasa factura a nivel escolar, repercutiendo en un bajo rendimiento, convirtiéndose este en uno de los síntomas más habituales. Ejemplo de ello son los retrasos por lo complicado que resulta levantarse temprano, el sueño que presentan los chicos y chicas durante el horario lectivo, la no realización de los deberes, los cambios en los patrones del sueño…

• Los cambios de humor repentinos, mostrarse a la defensiva, estar triste, manifestar agresividad verbal y/o física…suelen ser conductas que se manifiestan cuando el adolescente no puede jugar o ve limitado su tiempo de juego por algún motivo (ej. a modo de castigo se le prohíbe jugar durante un periodo; con motivo de un fin de semana en familia el adolescente no puede seguir su rutina de juego…).

En la detección de síntomas es muy normal no contar con la aprobación por parte de nuestro hijo o hija, al igual que ocurre en otro tipo de adicciones; más aún, nos encontraremos con actitudes defensivas, con justificaciones continuas a su conducta e incluso con chantajes emocionales sobre los malos padres que somos al ser los “únicos” que no dejan a su hijos/as jugar a la consola…

Si lo que has leído hasta el momento te ha hecho dudar, recordar situaciones vividas en casa, o simplemente ha despertado en ti preocupación…, es el momento de actuar.

Así lo primero que debemos hacer es establecer límites horarios en lo que respecta al juego, y hacer que estos se cumplan, valorando el uso de la consola entre semana y el tiempo que se le dedica a ello. Recordemos que el tiempo es clave cuando hablamos de adicción, pero también constituye la base de la prevención.

En ocasiones, debemos solicitar ayuda profesional, con el fin de que se nos oriente sobre los pasos a seguir para reconducir la situación, así como para ofrecer a nuestro hijo/a un apoyo especializado para superar el problema.

De igual forma, y de manera preventiva, debemos estimular y animar a nuestros hijos e hijas a realizar actividades deportivas o no relacionadas con el mundo tecnológico (ej. pintura, música, idiomas…), con el objeto de ofrecer alternativas que eviten el aislamiento social y que ocupen parte del tiempo que en otros casos dedicarían a jugar con la consola.

Laura de Francisco Domínguez

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