¡No atiende! ¡No me escucha! ¡Está siempre en las nubes! Estas son sólo un ejemplo de las frases que más escuchamos cuando se habla de niños y niñas que presentan dificultades en los procesos atencionales, problema que preocupa mucho al profesorado y a las familias y que afecta directamente al rendimiento académico de los escolares. Hablamos de niños y niñas que no prestan atención en el aula, que se distraen con facilidad y eternizan la hora de los deberes, e incluso que manifiestan dificultad para seguir las instrucciones que les dan sus padres u otras personas.

Nos referimos a escolares que, aun teniendo un nivel de inteligencia normal o superior, suelen cometer errores en la ejecución de las tareas; que se muestran “ausentes” durante largos periodos, lo que les impide captar la información necesaria de las explicaciones de clase o de las indicaciones que les dan otras personas; niños y niñas que “se pierden por el camino” y no son eficientes a la hora de realizar tareas y/o actividades. Muchos padres me preguntan ¿en ese caso mi hijo tiene déficit de atención? y la respuesta es ¡No!, o al menos ¡No por norma! teniendo en cuenta que se pueden presentar alteraciones en los procesos atencionales y de memoria sin estar estos asociados a ningún trastorno.

Es más, en la actualidad y debido a los avances, principalmente tecnológicos, nos encontramos sometidos a multitud de estímulos (incluso se habla de contextos de sobre estimulación), ya que la mayor parte de videojuegos, apps y programas de televisión atrapan la atención de los más pequeños con movimiento, imágenes y sonidos que exigen niveles de concentración muy bajos. Así, nuestro cerebro se acostumbra a recibir una gran cantidad de información, que nada tiene que ver con la “aburrida” realidad, disminuyendo los niveles de atención en situaciones del mundo real, por su lentitud respecto al mundo virtual; de ahí que cada vez sean más los casos en los que se manifiestan dificultades de concentración en el contexto escolar, afectando negativamente al rendimiento académico.

Reflexionemos sobre el estilo de vida y los estímulos a los que nuestros hijos están sometidos a diario, sobre el nivel de exigencia a nivel atencional que requieren las actividades que realizan, y centremos nuestros esfuerzos en dar respuesta a sus necesidades. En este sentido nadie duda en apuntar a su hijo o hija a clases particulares, por ejemplo, de matemáticas o física y química, cuando no van bien en el colegio, sin embargo, no somos tan rápidos a la hora de acudir a un centro especializado que pueda dar respuesta a sus dificultades a nivel atencional o a sus problemas de memoria. Así, una vez más resalto la importancia de la intervención psicopedagógica, lo más temprana posible, para atender a estos casos, teniendo en cuenta que está científicamente demostrado que los procesos atencionales y de memoria mejoran con el entrenamiento.

Laura de Francisco Domínguez. Psicopedagoga.

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