El ámbito emocional cada vez está cobrando más importancia en la educación de los niños, tanto en casa como en la escuela… pero a veces nos olvidamos de cuidar este aspecto, que sin darnos cuenta, florece en nuestro día a día en cada minuto, cada segundo… continuamente…

El hecho de que el niño razone y reflexione sobre los temas emocionales y morales, lo lleva a logros tan importantes como conocerse a sí mismo, a descubrir sus propias emociones y sus comportamientos, que tengan opinión y criterio propio, y al mismo tiempo que sepan ponerse en el lugar de la otra persona, que respeten las opiniones de los demás, etc., algo tan importante, como es desarrollar la empatía.

Pero, he aquí la cuestión, ¿cómo podemos empezar a trabajar las emociones? Primero, tendremos que conocernos a nosotros mismos, aceptarnos y querernos, y para ello, debemos tener bien equilibrada nuestra autoestima. Aquí entra en juego, que el adulto, enseñe al niño a quererse.

El origen de nuestra autoestima se encuentra en nuestro entorno social, así pues, padres, hermanos, profesores y amigos son los que más contribuyen a favorecer o dificultar las experiencias sociales, en las que podemos comprobar nuestras cualidades, en función del modo en que nos tratan, de cómo interpretan nuestras conductas y de la información concreta que nos transmiten sobre nosotros mismos.

Por todo ello, hay una serie de valores que debemos inculcar en nuestros pequeños para enseñarles a desarrollar estrategias y habilidades que le ayuden a comprender quién es el mundo y cómo desenvolvernos en él, pero yo voy a resaltar tres valores que considero fundamentales para nuestro desarrollo personal: el valor que otorgamos a las personas, el valor del esfuerzo y el valor de la resiliencia.

Y para comenzar con este tema tan interesante, que mejor que hacerlo con el valor que otorgamos a las personas, y con ello, mi primera referencia es enseñar a los niños el valor de las cosas, y no su precio. Debemos enseñar a los niños a ser felices, y no a dar tanto a valor al dinero. Así, hazle saber que el valor que puede tener una persona no radica en lo que tiene o deja de tener.

Para esto, aprovechen su desconocimiento y no dañen su inocencia, y en este punto me gustaría que se parasen a reflexionar sobre las acciones o las palabras que le decimos a nuestros hijos. Por ejemplo, para un niño que aún no comprende el manejo del dinero, tiene más valor una pequeña moneda que un billete, simplemente porque las monedas le divierten, puede chocarlas, hacerlas rodar, simular una compra, etc.

A los niños les hace felices todo aquello que les aporte cariño y diversión. Somos nosotros los que les enseñamos que el valor está en el precio y no en las intenciones o en el cariño. Por favor, no hagamos que los niños pierdan esa inocencia, esa ilusión…

En definitiva, lo que pretendemos es que el niño entienda que las personas son las que tienen el protagonismo de su vida, y no sus bienes materiales. Asimismo, deberán entender que lo importante detrás de cada acción es la intención y el esfuerzo.

Ahora bien, hablaremos del valor del esfuerzo que debemos inculcar en ellos. Nuestros niños deben ganarse los “premios”, y hacerlos conscientes de ello. No es bueno para ellos, comprarles un juguete por comprar. Predica con el ejemplo, y sírvele tú mismo de modelo. Si tus hijos ven que te esfuerzas y valoras aquello que lo merece, comprenderán que es algo positivo y lo asumirán de manera más sencilla.

Por otro lado, es muy importante en este sentido que usemos mucho refuerzo positivo, sobre todo, de forma verbal. Hacerles sentir bien para recompensar su esfuerzo, y así incentivarles y animarles a que sigan avanzando y otorgar importancia a cada pequeño logro que tengan. Pero, hazlo día a día. Nuestros hijos nos necesitan todos los días; necesitan que seamos constantes.

Por último, debo mencionar el valor de la resiliencia, que hace referencia a la capacidad que tenemos para afrontar y adaptarnos a determinadas circunstancias adversas. Las emociones, como ya he nombrado visten cada aspecto de nuestras vidas y de nuestro día a día. El saber controlarlas, gestionarlas y utilizarlas con la habilidad adecuada, nos permitirá sin duda afrontar nuestro día a día de un modo más eficiente, y por lo tanto, permitirán a nuestros hijos desenvolverse adecuadamente en sociedad.

Por: Karen Garcia Salazar

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