La hora de comer es para muchos el mejor momento del día. Nos sentamos tranquilamente en la mesa (si tenemos tiempo de sobra) y comenzamos a disfrutar de sabores texturas e incluso olores nuevos y no tan nuevos. Ahora bien, este momento para otros muchos y sobre todo para los más pequeños se convierte en un suplicio, un momento horrible en el día que se repite continuamente durante la semana.

“Mi hijo no come nada”, “se niega a probar cosas buenas”, “las comidas en mi casa son repetitivas”, “solo come galletas”, “no paran de llamarme la atención desde el comedor” … Estas son algunas de las frases más recurrentes en familias que acuden a nuestro centro. ¿Qué hacer? ¿Cómo abordar el problema? Con este articulo me propongo como principal objetivo ayudar a todas aquellas familias que se encuentran perdidas o piensan que han agotado todas las opciones posibles. Pongámonos manos a la obra, la esperanza siempre es lo último que se pierde.

Para empezar, es necesario saber que no todos los niños comen de la misma manera y en cantidades iguales. De hecho, muchas veces hay épocas en las que comen mas y otras en las que menos. Para saber si nuestro hijo está comiendo de la forma adecuada y las cantidades adecuadas lo mejor será acudir al pediatra.

Continuemos con las pautas o consejos para hacer del almuerzo un momento agradable. Las rutinas siempre ayudan, por lo tanto, establecer un pequeño ritual de iniciación a la hora de comer de una forma u otra siempre será beneficioso ya que estamos anticipándole a nuestro hijo que ha llegado la hora de comer. Un buen ritual puede ser el hecho de preparar la mesa y lavarnos las manos. Cuando se come con tiempo siempre se disfruta más por ello en la medida de lo posible debemos evitar las prisas, pero tampoco debemos dejar que se alargue demasiado en el tiempo. Lo ideal es tener tiempo sí, pero siendo conscientes de que es limitado.  8

Si nuestro hijo justo después de salir del colegio tiene esperándole un paquete de papas, galletas o golosinas es de esperar que al llegar a casa no tenga hambre o muestre resistencia a la hora de comer, por ello es muy importante evitar picar entre horas.

Centrémonos ahora en el momento en el que estamos en la mesa sirviendo la comida, que será mas apetecible un plato relleno hasta las topes que a simple vista parece interminable o por el contrario un plato con cantidades pequeñas y opción de repetir al terminar. En mi caso prefiero la segunda opción. Si colocamos en el plato de nuestro hijo cantidades muy pequeñas o pequeñas de comida, esté no se sentirá agobiado y por lo tanto no presentará tanta resistencia a comerse el plato. Siempre podrá pedir más o repetir por lo que no debe preocuparnos si se queda con hambre.

Forzarlo a comer, nunca es una buena opción. Indirectamente estaremos fomentado en el niño el rechazo a la comida. Por lo que debemos evitar amenazas, gritos o chantajes. Debemos presentarle al niño la comida que hay comerse y que sea él quien decida cuanto quiere comer, atendiendo siempre a las cantidades adecuadas respecto a su edad. Pero no debemos presionarlo o mostrarle más atención de la necesaria.

Las distracciones, aunque pueda parecer que ayudan, dificultan. Comer viendo la tele es un gran distractor el niño pierde completamente la atención sobre lo que esta haciendo e incluso llegando a distraer o perder el apetito. Disfrutemos de nuestro hijo mientras comemos, hablemos, comentemos que queremos hacer el fin de semana. Olvidémonos de las nuevas tecnologías a la hora de comer.

Algo que también nos puede ayudar es la elaboración de un menú semanal para toda la familia podemos incluso realizarlo con el niño y de esta forma demostrarle que también tenemos en cuenta su opinión y sus gustos. El menú deberá de ser variados incluyendo diversos tipos de alimentos no solo aquellos que le gusten al niño. De esta forma el niño sabrá que va a comer mirando el calendario y también será consciente de que no habrá una alternativa. Comerá los mismo que el resto de la familia.

Es necesario aclarar que cada caso es un mundo y más cuando hablamos de comida en la que los gustos son muy diversos. Muchos trastornos llevan asociados problemas de este tipo, problemas con las texturas, sabores e incluso colores. Por ello siempre en necesario acudir a un profesional que pueda orientarnos y guiarnos a la hora de actuar. La estructuración y la anticipación puede resultar de gran ayuda no solo con estos niños sino en general, como señalábamos antes. El hecho de separar las comidas y no presentarlas todas juntas también nos ayudara a saber si el niño come porque no le gusta o porque no quiere. Quizás le gusta el caldo de la sopa, pero no las verduras. O le gusta la ensalada, pero odia la lechuga porque es de color verde. Una hoja de registro nos ayudara a saber que alimentos tolera nuestro hijo y cuáles no.

Ha llegado el momento de aplicar todos estos pequeños consejos para ver así si la situación mejora. Es muy importante, como en todo, mostrar autoridad y no ceder ante chantajes o pataletas. Y recordar que ante cualquier duda siempre es preferible acudir a un profesional.

Ana Aguilar García, pedagoga

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