A nuestro gabinete acuden muchos padres preocupados porque sus hijos sufren miedos, pánico, fobias… La mayoría de los casos suelen ser miedos a la oscuridad, pero también a los animales, a monstruos imaginarios, a quedarse solos (abandono), a ruidos fuertes, y un largo etcétera…

¿Cómo afectan estos miedos a los niños? Deben tener en cuenta que pueden llegar a ser graves, y con el tiempo cada vez más profundos y arraigados en ellos. Pueden derivar en un sufrimiento enorme para el niño, y en lo que se llama un miedo desadaptativo, esto quiere decir que puede afectar a su vida no queriendo dormir solo, negándose a entrar en el colegio, no queriendo probar algunos alimentos, etc., Pero me gustaría resaltar en este punto, que los miedos también son situaciones que debemos vivir, que pueden ser adaptativos si se saben llevar, pues en ocasiones nos ayudan a apartarnos de aquello que puede ser peligroso, nos pone en alerta.

Para ello, se recomienda que acudan a un gabinete o centro especializado buscando ayuda para solventarlos. Por nuestra parte, llevamos a cabo un procedimiento como el que presento a continuación, variando los aspectos necesarios para personalizarlo en cada caso:

1º Es muy importante que ellos reconozcan el miedo, y que mejor que lo plasmen en un dibujo para explicar cómo lo ven y cómo se sienten.

2º Mediante preguntas intentamos averiguar la raíz de dicho miedo. Los miedos pueden ser por una situación traumática que vivieron que derivó en un miedo, o porque les produce asco, porque comienzan a imaginar (monstruos imaginarios)… pero la consecuencia principal, sea la causa que sea, y esto ocurre tanto en niños como en adultos, pensamos que nos hará daño.

3º A través de los juegos trabajamos el miedo de manera indirecta y lúdica para ellos.

4º Afrontamos el miedo. Si el niño está preparado, le hacemos enfrentarse a él de forma lenta y pautada, para hacerle ver al niño que no debe temer, pues no hará daño. Así también, comprobaremos que haya superado ese miedo.

*Si en esta etapa, se comprueba que el niño no lo ha superado, volvemos a la anterior (3º).

Igualmente, siempre nos gusta recalcar que el hogar es el escenario principal en la vida del niño, así pues, pedimos a los padres la mayor paciencia posible en estos casos, y sobretodo nunca recriminarles, ni dejar de prestarle importancia, pues ellos no deben sentirse “desprotegidos” por sus figuras principales: ustedes, sus papás. Asimismo, mandamos pautas que deberán seguir en casa dependiendo del caso: personalidad y/o carácter del niño, y del tipo de miedo.

 

“No tengas miedo, yo estoy contigo”

Karen García Salazar (Psicopedagoga)

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