En muchas ocasiones el desarrollo de los niños/as se ve afectado por las oportunidades de aprendizaje a las que están expuestos. Así, a las preocupaciones expresadas por muchas familias porque sus hijos/as no gatean, no caminan, no hablan, no comen sólidos…les sigue primeramente una pregunta ¿Ha tenido oportunidades para hacerlo?

En los casos de gateo encontramos a muchos bebés que pasan la mayor parte del tiempo sentados en el cochecito, recostados en la hamaca o en el parque, no habiendo tenido prácticamente oportunidades de estar en el suelo y de propiciar su desarrollo psicomotor. Y es que el medio es muy importante, y hemos de facilitarlo nosotros, ya que lo que los bebés necesitan es suelo, suelo y más suelo. Es importante que la superficie de suelo sea cálida, tipo parquet o tarima flotante, o en su defecto podemos recubrir la superficie de una alfombra amplia y pesada o tipo puzzle que no se mueva cuando el bebé lo haga.

Pero también ocurre en los casos de niños que no se “arrancan” a caminar…bueno ¿no se “arrancan” o no se les dan oportunidades para hacerlo? Queremos que nuestros hijos caminen, pero los llevamos todo el día en brazos o en el cochecito, porque en muchas ocasiones nuestra ajetreada rutina no nos permite ofrecerles el tiempo que necesitan. Así, por ejemplo, el tramo de casa al coche aun pudiéndolo hacer nuestro hijo caminando cogido de la mano, lo realizamos con él en brazos, lo que hace que sin duda se le resten oportunidades de ir ganando en equilibrio y confianza para poder finalmente caminar de manera independiente.

En otros casos encontramos a niños que hacen un uso excesivo de la chupa, llevándola puesta la mayor parte del día y la noche. Así, es normal que el desarrollo del lenguaje se vea afectado, por la limitación que supone este elemento que actúa como tapón. Por ello, hemos de tomar conciencia y considerar la importancia que tiene la chupa como limitador de la expresión oral.

Otra situación que vemos con bastante frecuencia es la de niños que no comen sólidos y, nuevamente nos encontramos un gran número de casos en los que se niegan a comer alimentos no triturados por falta de costumbre. Así, es más fácil para ellos ingerir y, de nuevo, para nosotros dar la comida tipo puré, porque sin duda, el paso a la aceptación de nuevas texturas requiere de oportunidades, tiempo y paciencia.

Podría seguir enumerando situaciones en las que la falta de oportunidades ralentiza el desarrollo, pero creo que con lo expuesto es suficiente para captar el mensaje clave: los aprendizajes requieren de oportunidades. Y llegado el momento si, habiendo dado oportunidades, notamos dificultades en el desarrollo de nuestros hijos/as es hora de consultar con un especialista.

Laura de Francisco Domínguez. Psicopedagoga

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