Seguro que los has vivido en más de una ocasión, cuando parece que llega la calma al final del día y tus hijos ya están listos para dormir… ¡Te piden un último favor! Lo más común…que nos reclamen un vaso de agua. Pero… ¿Qué hay detrás de esta insistente y curiosa petición?

Comienzan en ese momento a plantearse infinidad de hipótesis que justifiquen este hecho. Muchos padres piensan que este reclamo es debido a que los niños olvidaron beber suficiente agua durante el día…; sin embargo, una vez satisfaces su petición te das cuenta de que se limitan a ingerir un sorbo mínimo, insignificante, incapaz de saciar sed alguna. Entonces… ¿Es una forma de manipulación? ¿nos estarán retando? A día de hoy sigo pensando que los pequeños no tienen esa capacidad maquiavélica para realizar actos tan complejos e intencionados, debiendo también en este momento descartar de nuestras alternativas que actúen con el fin de agotar nuestra paciencia. También es muy común asociar esta petición con el deseo de los más pequeños de disfrutar un ratito más de nuestra compañía, pero…esta hipótesis tampoco se sostiene si valoramos el tiempo que nuestros hijos tardan en tomar esa ínfima cantidad de agua, ya que una necesidad de compañía no quedaría para nada satisfecha.

En este momento, en el que probablemente he catalogado de erróneas todas tus ideas explicativas, pensarás si existe otra hipótesis o teoría que pueda dar respuesta a esta situación ¡Y la hay! Este simple hecho es mucho más complejo de lo que imaginamos, nuestros hijos nos están inquiriendo algo más, nos están precisando, midiendo…, necesitan sentir que no están solos en caso de necesitarnos a lo largo de la noche. Con esta simple petición se cercioran de que si llaman a papá o a mamá ellos irán para protegerles; este hecho les tranquiliza, les da extrema confianza, más aún en la oscuridad de la noche que a tantos les atemoriza. Lo que está en juego no es tu paciencia, sino tu capacidad de responder a su llamada y de consolar.

Como hemos visto, no se trata de sed, ni de molestia, ni de manipulación o maldad. Este acto va mucho más allá, es un mero pretexto (aunque a veces pueda llegar a ser verdad), tratándose normalmente de una necesidad de tipo afectivo-emocional ¡Nuestros hijos necesitan saber que estamos disponibles!

Así que llega el momento de armarnos de paciencia y de disfrutar de este momento que a priori pueda sacarnos de quicio, porque por suerte esta situación no durará toda la vida, y en muchos casos llegarás a echarla de menos cuando se extinga. Mientras, tratemos de entender las necesidades de nuestros hijos, no desperdiciando energía con enfados innecesarios, más bien centrándonos en responder a su llamada con todo nuestro amor.

Laura de Francisco Domínguez. Psicopedagoga

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