En la consulta de logopedia vienen muchos pacientes con dificultades deglutorias o niñ@s con problemas articulatorios asociados a un problema fisiológico como puede ser un “frenillo corto”. Es importante una valoración miofuncional exhaustiva en este aspecto para descartar la raíz del problema.

La “anquiloglosia” o “frenillo corto” es una condición presente desde el nacimiento que se caracteriza por un frenillo anormalmente corto que dificulta el movimiento de la punta de la lengua.  El frenillo es una membrana que generalmente une dos zonas, una fija y otra móvil. Cuando el bebe nace la lengua es corta y por lo tanto el frenillo parece llegar al ápice lingual y se ve tirante, pero el bebe puede mover la lengua entre las encías. En el desarrollo del crecimiento orofacial estos órganos van creciendo y variando en tamaño según edad, la lengua se hace cada vez más fina y se alarga y puede ir sacando la lengua fuera de la boca y el frenillo también se alarga. Pero existen casos en los que no hay crecimiento normal de este frenillo y se queda corto a lo que denominamos con el nombre de “anquiloglosia”.

Es importante tener en cuenta estos aspectos a la hora de evaluar o examinar a un paciente que presenta dificultades de movimiento lingual y que conllevan a otros problemas asociados como la articulación o la deglución. Es difícil de examinar sobre todo en los bebes. Por lo tanto les vamos a mostrar señales de alerta que debemos tener en cuenta sobre todo en los bebes:

  • Callos linguales. Al hacer mucha presión por la imposibilidad del movimiento lingual ejercen mucha fuerza para agarrarse al pecho y esto ocasiones ampollas al roce.
  • Movimientos irregulares de la lengua.
  • Chasquidos con la lengua.
  • Paladar ojival. Debido a que la lengua siempre esta en posición baja y no hay apoyo lingual en el paladar cuando esta en reposo.

 

Es importante tener en cuentas estas señales pero es fundamental acudir a un especialista para una valoración más específica

 

 

Consecuencias de pacientes con “FRENILLO CORTO”:

  • Respirador bucal.
  • Mala oclusión dental.
  • Dificultades en el lenguaje.
  • Baja higiene oral.
  • Problemas digestivos.
  • Deglución atípica.

María Gabriela González Pacheco.

Logopeda.

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