Las hay de todo tipo, grandes, pequeñas, con un papá y una mamá, con dos papás o con dos mamás, incluso sólo con una mamá o un papá. Y es que las familias son todas diferentes, tan dispares, como los colores y las flores. Todas son felices, a su manera, atendiendo a sus necesidades y también a sus prioridades.

No existe una fórmula mágica para lograr una familia perfecta, además, sería demasiado aburrido tenerla. Las equivocaciones y los problemas sirven para aprender y unirnos más si cabe. Compartidos los problemas siempre se hacen más pequeños.

Tampoco existe una receta milagrosa para lograr la felicidad, pero con unos cuantos ingredientes, lograremos ser si cabe más felices y disfrutar mucho más del tiempo que pasemos en familia.

Para empezar, necesitaremos un buen puñado de amor, ese amor incondicional que solo son capaces de darnos nuestros padres, aunque, en algunas ocasiones puede llegar a ser igualado e incluso superado con el de nuestros abuelos, que tanto nos miman. Y por qué no también por el de nuestros tíos.

Necesitaremos también un par de cucharadas soperas (cuanto más grandes mejor) de paciencia. A veces las cosas saldrán mal o simplemente no saldrán como esperábamos. Tendremos días grises, de esos en los que solo quieres volver a la cama, pero solo son eso días grises y siempre tendremos que tener en cuenta que incluso tras la tormenta más negra acaba saliendo el arco iris.

No se nos puede olvidar añadir a nuestra mezcla las risas, estas muchas veces son difíciles de conseguir, pero una vez que las encontremos nos costará deshacernos de ellas. Podemos buscarlas jugando, contando chistes y hasta incluso viendo películas todos juntos.

Deberemos, también, espolvorear algo de autoridad, sí habéis leído bien, autoridad. En toda familia hay tiempo para juegos, pero también en muchas ocasiones debemos ponernos serios. Es importante que los mas pequeños tengan en cuenta las normas que deben de cumplir y sus responsabilidades que irán variando a medida que cumplen años.

Una vez hecha nuestra mezcla será necesario empezar a cocinarla a fuego lento, con paciencia delicadeza y mucho amor. Para ello necesitaremos nuestro último ingrediente, y uno de los más importantes, el tiempo, sin tiempo no podremos llevarla a cabo. Necesitamos tiempo para compartir en familia. Tiempo para estar con los más pequeños, escucharlos, jugar con ellos demostrarles cuanto los queremos. Tiempo para estar todos juntos, salir a pasear, ir al parque… El tiempo es una de las cosas mas valiosas que tenemos y por ello no debemos dejar que se nos escape en cosas, que quizás, no tienen la importancia que les damos.

Aprovechemos los pequeños momentos que se nos ofrecen a diario, pongamos en práctica nuestra receta, aprovechando los cortos ratitos que seguro tendremos al día. Vamos, como dice la canción, “a robarle tiempo al tiempo” y aprovecharlo al máximo con la familia.

Ana Aguilar García – Pedagoga

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