Llega una etapa en que parece que los niños/as se cuestionan todo lo que pasa a su alrededor. Esta etapa corresponde a los continuos “por qués” que nos plantean: ¿Por qué llueve?/ ¿Por qué es azul el cielo? / ¿Por qué el agua moja?…y así un sinfín de cuestiones cada una más recurrente que la anterior. Ello coincide con la etapa de los tres a los cinco años  de edad,  donde aparece el lenguaje, así que si existe este “bombardeo” diario de preguntas, el desarrollo del lenguaje y pensamiento de nuestro hijo/a se está desarrollando adecuadamente.
Los niños desde que empiezan a ser conscientes de lo que les rodea, se convierten  en grandes observadores. Cuando comienzan con el gateo, intentan escurrirse por los lugares más complicados, para poder adquirir en sus manos todo aquello que llama su atención, al caminar no paramos de correr tras ellos, y obviamente cuando comienzan con el lenguaje, querrán tener respuesta a todo lo que se les antoja.

Tal vez debido a nuestro ritmo frenético de vida, a la poca paciencia y al cansancio en ocasiones, muchas veces esas preguntas no obtienen respuesta por parte de los adultos o incluso la respuesta que obtienen es peyorativa (“Ya están con las preguntitas otra vez…” o “qué pesado eres”…) Con ello cortamos su impulso natural de desarrollo de su inteligencia, además de crear una limitación de la confianza hacia sus padres, o incluso síntomas de ridiculez e inseguridad.
Por el contrario, debemos tomar esta etapa como un momento de aprendizaje de  ambos. Los adultos aprendemos de la recurrencia e inocencia de los niños, además de aprovechar para enseñarles nuevas palabras de su vocabulario, fomentar la buena expresión oral y sobretodo la confianza y la comunicación entre padres e hijos.

¿Cuántas veces les ha podido pasar que se esfuerzan en buscar la respuesta adecuada para que lo entienda, y cuando se lo explican el niño parece ignorar la respuesta, o incluso de inmediato surge con otra pregunta? En ocasiones nuestros hijos lo que buscan con tanta pregunta es buscar nuestra atención. Por eso es muy importante que les demos la respuesta a ellas, no tenemos porque volvernos loco buscando la respuesta más acertada. Lo importante es que seamos claros y que la respuesta sea amena e interesante; con lenguaje y ejemplos adaptados a su nivel de comprensión, sin mentirles y siendo conscientes de lo que puedan asimilar. Además que ellos sepan que las preguntas tienen respuesta pero sobretodo, que pueden recurrir a sus padres para obtenerlas.

Desde nuestro gabinete les animamos a que se armen de creatividad y de paciencia, y le den respuesta a todas esas preguntas, además de que aprovechen esas situaciones y sean ustedes los que formulen también preguntas a ellos. ¡Y seguro que como adultos aprenderemos un montón!

Silvia Álvarez Ramos

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