Y llega el día en que nos damos cuenta que nuestro pequeño/a, ya no es ese bebé que hasta hace muy poco tiempo cabía perfectamente en su cuna, que pasaba ahí la noche tranquilamente sin intentar llegar al suelo, o saltar como si de una colchoneta elástica se tratase. Si esto ha comenzado a ocurrir, en casa probablemente estén en el momento  para asimilar que el  niño/a ya no es tan bebé. Y que es el momento de pasar de la cuna a la cama. Éste es el primero de muchos de los cambios que quedan por acontecerse.

No existe una edad mínima, ni un límite máximo para pasar al niño de la cuna a la cama. Cada niño sigue sus propios ritmos; algunos miden más que otros, son más inquietos…Sin embargo en la mayoría de los casos el cambio se produce entre los dos y tres años de edad. Pero como padres, deben ser conscientes que una vez se toma la decisión deben ser firmes con ella y que no hay vuelta atrás. Una vez se inicie el cambio,  la cuna se debe desarmar, para que no quepa el mínimo resquicio de una “retirada” y tal vez por pena o miedo, volvamos a llevar al niño/a a la cuna.

En este período de transición, podemos encontrarnos con dos tipos de reacciones por partes de los más pequeños. Por una parte están quienes tienen hermanos mayores, y aceptan éste cambio de una manera muy positiva por el simple deseo de imitar, querer hacer y portarse de igual manera que a su hermano mayor.  Pero también podemos encontrarnos el caso contrario; niño que se resisten a salir de la cuna. Donde cada noche será una “batalla”, pero deben tener claro que es una reacción totalmente normal. La cuna ha sido su lugar de descanso durante mucho tiempo,  donde ha estado cerca de sus padres y se ha sentido seguro/a.

Por todo ello, a sabiendas que esto puede ser una tarea ardua, desde nuestro gabinete les ofrecemos una serie de pautas, para que todo sea un poco más sencillo.

– Deben tomar la decisión de un día para otro, si esperamos por el momento adecuado, nunca lo encontraremos. Ese día transmítanle su alegría porque ya es mayor y, por tanto, merecedor de dormir en una cama. Ese día pueden organizar «la fiesta de la cama», en la que todos celebraremos el cambio.

– Háganlo partícipe de todo. Le vendrá bien formar parte en el desmontaje de su antigua cuna y el montaje de su cama. Puede ser el niño/a quien elija si poner muñecos o no en la cama, y en el caso afirmativo que él/ella elija cuales.

 

– Es fundamental, para que el niño/a duerma bien, se sienta seguro, tanto física como psicológicamente y esa seguridad, en gran medida es la que transmiten los padres. Por eso, en todo momento deben sentirse  firmes en ésta decisión y no mostrar ningún signo de debilidad, pena o duda./p>

– El proceso de adaptación puede durar varios días e incluso semanas, pero debemos de estar preparados para ello y seguros de lo que estamos haciendo y sobretodo ser firmes en nuestra decisión. Si nuestro pequeño/a viene a mitad de la noche a nuestra habitación,  no porque sea Sábado y tengamos más tiempo, debemos dejarlo que se quede con nosotros, porque en ese caso estaremos cediendo, y todo lo que habremos hecho los días anteriores será en vano.

– Si el niño/a viene a nuestra habitación a mitad de la noche, seguidamente debemos llevarlo a su habitación, sin esperas, ni demoras. Esto no quiere decir que lo dejemos y nos demos media vuelta, podemos quedarnos con él un ratito hasta que esté tranquilo pero seguidamente se marcharán a su habitación.

– Mantener los hábitos del sueño en este sentido, es aconsejable mantener las mismas rutinas de sueño que se adoptaron cuando el niño/a dormía en la cuna: No variar los horarios y mantener las mismas pautas (del tipo baño-cena-cama).Dejarle que duerma del mismo modo, con su peluche u objeto habitual que le ayudan a conciliar el sueño.
Desde nuestro gabinete les animamos a que si se les ha pasado por la cabeza ésta idea, el momento perfecto para ello es ¡AHORA!

Silvia Álvarez Ramos. Pedagoga.

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