Era enero, y en algunos informativos a nivel nacional podía oír algo de un virus en la ciudad de Wuhan, afectaba a los pulmones y se desconocía su procedencia. Posiblemente, alguien se contagió por comer murciélago. “¿Un murciélago? ¿A quién se le ocurre comer esos animales?… ¡qué raros son los chinos!, por cierto, ¿quién sabrá donde está Wuhan?”

 

Semanas después la ciudad al completo queda confinada en sus casas, no pueden salir a nada, el virus es muy contagioso y posiblemente esté muriendo mucha gente. “Sin salir de casa, comercios cerrados, ¡qué locura!, eso solo lo pueden hacer los chinos que son muy estrictos.”

 

Al poco tiempo en esta ciudad, Wuhan, donde se desconoce el número de fallecidos pero sí hay un enorme incremento de contagios, se inicia la construcción de un hospital de 25.000m2 para 1.000 personas. La obra se realiza en diez días. “Vaya, que trabajadores los chinos…, siempre tan eficaces.”

 

 Quince días después, en China, siguen en sus casas, Shanghái una de las ciudades más pobladas del mundo está sin coches en la calle, no hay nadie… se toman la temperatura, el virus es muy peligroso, van con mascarillas y limpian las calles para desinfectar. Siempre dejan los zapatos en la puerta y evitan acercarse a menos de un metro. “Normal, los chinos con sus rutinas de zapatos en la puerta, no se acercan porque son fríos emocionalmente, no les gusta el contacto, ¡qué estrictos…!”

 

Final de enero, un caso en nuestro país, en la Gomera. Un alemán comenzó a sentirse mal y como recientemente mantuvo contacto con personas llegadas de China, le efectuaron la prueba y dio positivo en el virus.

¡Qué casualidad! ¡Con lo pequeña que es la isla y lo lejos que esta de China! Pero no va a pasar nada, es en la Gomera.”

Finales de febrero, un hotel en el sur de Tenerife deja confinados a muchos turistas por un caso de coronavirus. Un doctor italiano sintió sintomas de gripe con fiebre y pidió realizarse la prueba. “¡Qué medidas!, ¡quince días, vaya locura!, ¿quién pagará eso?, ¡qué cerca, en Tenerife!, ¡vaya con este virus, encima en Canarias!”

Comunidad Valenciana, primer fallecido por COV-19, un señor de 69 años, segunda muerte hombre de 82 años Biskaia, primer fallecido en Madrid, señora de 99 años… “Normal, eran mayores. Todo les afecta. Por cierto, COV-19, ¿qué será eso?”

9 de marzo, casi 1000 infectados por el virus en España. Se toman medidas en los colegios de la comunidad de Madrid (se suspenden las clases durante dos semanas para evitar contagios).  “¿Suspender las clases, en Madrid?, qué raro. Seguro que son muy alarmistas con el virus…”

 

En Italia hay un incremento alarmante del número de afectados por el COV-19, el número de muertes aumenta cada día sin ser posible controlarlo. España cancela los vuelos procedentes de Italia y con algunos países con un alto índice de afectados. “Ya… qué tarde cierran los aeropuertos, ahora que ya tenemos aquí el virus.”

9 de marzo, un profesor de un colegio del Norte de Tenerife da positivo en el COVID-19. Se comenta que este virus no afecta a los niños, son transmisores, pero asintomáticos. Solo aqueja de forma grave a personas de edad avanzada y con patologías previas (diabetes, hipertensión.) “¡Qué horror! ¡Un profesor!, ¡qué cerca!, pero no pasa nada, él es joven y los niños son asintomáticos. Aunque ya me da un poco de miedo esto… qué raro.”

 

12 de marzo, se suspenden las actividades escolares. No se puede salir con los niños a la calle ni a los parques… “¡¡¡¡Qué miedo!!!! Tenemos el virus con nosotros ¿cómo podremos estar sin salir con los niños?, ¿qué hacemos ahora?, ¿por qué nadie nos avisó de esto?, nos tenían engañados…”

14 de marzo, 6000 casos positivos y 200 fallecidos, se declara el estado de alarma. Inicialmente por 15 días, en todo el territorio nacional... “Estado de alarma ¿en qué consiste?, ¡qué incertidumbre!, ¡cuántas personas con el virus!, ¡Qué horror….! Todo por culpa de los políticos que no dicen la verdad.”

 

A partir de ese día, ir al supermercado es una “aventura”. Largas colas, la gente compra mucho, parece que no es un virus sino el fin de las fábricas de papel higiénico. Salgo a la compra y siento que ya todo es diferente, miras a la gente y ya no sabes si sonreír, saludar o alejarte, todo es nuevo.

Pasados 15 días, se amplía el estado de alarma, se abren varias morgues en Madrid, hay tantos fallecidos que se buscan lugares para sus cuerpos. En IFEMA se confecciona un hospital de campaña, en él se pueden atender a 5000 personas. “Veo el telediario cada minuto, no puedo salir de casa. Este virus es una incógnita, nos tiene a todos confinados ya que es extremadamente peligroso, ¿Por qué nadie nos advirtió de este peligroso virus?”

 

En las noticias solo se habla del CV-19, ya sé perfectamente que es, nunca pensé que llegara aquí, nunca imaginé que un virus cambiara mi vida, la vida de mi familia, la vida de todos.

Solo veo cifras de fallecidos. Ahora cierro los ojos y cruzo los dedos, rezo (aunque no sepa) para que nadie de mi familia o amigos tenga el virus. Este veneno, arma invisible y letal, ha conseguido separarlo todo, desde la distancia social hasta la despedida en el duelo. Se comenta que los familiares no pueden “dar el último adiós”, no pueden ver a su ser querido por última vez. No hay duelo, no hay entierro, no hay nada, solo un miedo interno que parece que corre y se propaga por mi cuerpo al pensar, ¿y si me pasa a mí? ¿y si yo pierdo a…? ¿a un familiar? ¿un amigo? ¿Qué pasa si jamás puedo volver a ver a esa persona? A la que nunca le dije todo lo que la quería, que no nos abrazábamos a diario. Pero ella lo sabía, aunque yo no lo dijera, lo sentía…

¿qué pasa si nunca te vuelvo a ver?

Y ahí está de nuevo la ansiedad, el miedo, la angustia (antes no sabía lo que eran y ahora lo vivo a diario).

 

Comienza el mes de abril, ya no encendemos la tele, no queremos ver las noticias, ¿o sí…? ¿Qué está pasando en el mundo? ¿Por qué muere tanta gente?, ¿por qué no hay una vacuna?, ¿por qué se propaga tan rápido? Estoy agobiada, tengo ansiedad, qué pasará mañana…

¿Perderé mi trabajo? casi seguro. Es una crisis sanitaria y también económica, ¿cuándo podré visitar a mis padres…?

Tengo un millar de preguntas en mi interior que no soy capaz de gestionar. La incertidumbre me desborda, el miedo, la pérdida de control del hoy, del mañana y de ahora…

 

¿Por qué?… ¿Por qué?, ¿por qué nos pasa todo esto…?

Zapatos en la puerta

Mascarilla

Desinfectar la comida

Miedo al salir

Tomarme la temperatura

Lavarme las manos

Limpiar todo con lejía

Nudo en el estómago cuando mi familia sale a la calle

¿Se acabará algún día?

¿Podré salir pronto?

¿Tendré trabajo?

¿Podré viajar?

¿Todo cambiará para siempre?

¿Los niños serán felices así?

¿Cómo estará mi familia?

¿Podré, simplemente, algún día… abrazar a las personas que quiero?

 

Tengo angustia, ya entiendo muchas cosas…

Tengo miedo y entiendo las historias que me contaban mis abuelos, entre ellas:

Que teníamos una vida fácil,

que éramos libres,

que nunca habíamos sufrido

 y, sobre todo, ahora entiendo LA GRAN FRASE:

 

“se están perdiendo los valores del ser humano, esto no acabará bien”

 

Ahora lo entiendo todo,

Ahora lo siento cerca,

Ahora tengo miedo,

Ahora sé que tenía una vida fácil,

Ahora sé que era libre

Pero, ¿y ahora qué?

Ahora, toca pensar

  

Inés Miles Sánchez Morera

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